
Dicen que es capaz de dedicarle horas a una jugada hasta que salga tal como la imagina. Dicen que tuvo que renunciar a su primer cargo como entrenador de fútbol de un equipo universitario porque exigía a sus jugadores como si éstos fueran profesionales.
Perfeccionista. Obsesivo. Hay una delgada línea entre ambos calificativos que Marcelo Bielsa no tiene ningún reparo en cruzar con tal de lograr sus objetivos.
Y los logra todos. O casi todos, la selección argentina siempre será un pendiente para el estratega.
Cuando llegó a Chile todos en el país del sur sabían de su talento, pero nadie sospechaba del nivel que la selección roja alcanzaría bajo su mando. Clasificaron sin necesidad de repechaje o calculadoras de última hora. La misma Bachelet lo felicitó y la revista política “¿Qué pasa?” lo nombró el extranjero más influyente de Chile.
¿Cómo piensa el estricto Bielsa? ¿Cuál es la filosofía detrás del gesto adusto y los triunfos constantes?
Una entrevista hecha por la revista Minuto 90 en la década pasada lo resume todo. Y es que para el buen Marcelo el tiempo pasa… las ideas quedas.
“Yo siempre les digo a los muchachos que el fútbol es movimiento, desplazamiento. Que hay que estar siempre corriendo. A cualquier jugador, y en cualquier circunstancia, le encuentro un motivo para estar corriendo. En el fútbol no existe circunstancia alguna, escúchame bien, no existe motivo alguno para que un jugador esté parado en la cancha. (…)Me propuse entonces ser un entrenador de nivel. Y para lograrlo comprendí que el primer paso era convertirme en un especialista de la educación física, porque esa es la especialidad que se ocupa del movimiento del cuerpo humano. Sabía que en ese aspecto radicaba todo el secreto del fútbol.”


