Lo de aquella noche en Francia fue una paliza del equipo local. Fue una masacre del ejército galo encabezada por el general Zidane que marcaba los derroteros que tenían que seguir sus secuaces para derrotar al Brasil de Ronaldo y compañía. Un Brasil que no atinó nunca a encontrar la manera de resistirse a los embates de un equipo que estaba decidido a salir de su propio reducto con la copa entre sus manos.
Fue un 3 a 0 contundente con dos goles del mago y uno del hoy desaparecido Petit. Fue también el pináculo del fútbol francés en el ámbito mundial. Reviva los mejores momentos de una de las finales más memorables de la historia de los mundiales.

Como jugador, Dunga perteneció a esta raza de futbolistas que nunca escogerías primero en las pichangas –ese honor es para los “mágicos”- pero que siempre querrías en tu equipo. Luchador, implacable, molestoso para el rival e inspirador para los compañeros. Un guerrero.
Entonces vino la convocatoria de jugadores para el mundial. Ni Ronaldinho ni Adriano figuraban en la lista del estratega. Lo del emperador era más o menos cantado, pero la exclusión del otrora mejor jugador del mundo no tardó en levantar polvareda. Para muchos esta decisión mata definitivamente el espíritu tradicional de Brasil, algo que, aseguran, podría costarles el título. Algunos periodistas, incluso, hablan de una decepcionante selección por parte del técnico. La única estrella de Brasil es su camiseta y las cinco estrellas que están encima del escudo. Ponérsela es un orgullo que todos los jugadores deben sentir, había dicho el entrenador en una entrevista en el 2006.
