Colombia llegaba buenas expectativas a la copa del mundo de 1994. Algunos incluso la vaticinaban como candidata a llevarse el trofeo más importante del mundo del fútbol. Sin embargo la realidad fue otra y en el primer partido perdieron al equipo que sí sería la sorpresa del mundial de Estados Unidos: Rumania y el talento de su capitan George Hagi. Fue 3 a 1 a favor de los europeos. En ese partido, además, el mencionado Hagi marcó uno de los mejores goles del torneo.
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Como jugador, Dunga perteneció a esta raza de futbolistas que nunca escogerías primero en las pichangas –ese honor es para los “mágicos”- pero que siempre querrías en tu equipo. Luchador, implacable, molestoso para el rival e inspirador para los compañeros. Un guerrero.
Como jugador, Dunga nunca hizo un gol sorteando rivales o mediante una tijera prodigiosa. Pero fue el encargado de patear el penal decisivo en la final de Estados Unidos 94 y canjear la ejecución por un gol. Por cierto, fue el primero en levantar el trofeo de aquel mundial. Nadie le discutió ese honor. Y es que, como jugador, Dunga fue no sólo el capitán de Brasil. Fue también su líder.
Tras el pobre desempeño del Scratch en el mundial de Alemania, los directivos del país más ganador en el fútbol tomaron una decisión: no más dependencia exclusiva del humor de los talentosos. Se necesitaba un nuevo orden. Así fue que, sin experiencia previa, Dunga se hizo con el buzo de entrenador.
No tardó mucho en establecer sus parámetros de trabajo Tengo mi filosofía y quien no esté dentro de ella, no irá. Yo en el fútbol todo lo conseguí con sacrificio. En cualquier trabajo, si no hay sacrificio, no hay éxito. En otras palabras, Dunga no estaba dispuesto a casarse con ningún intocable ni en darle preponderancia al talento desmedido por sobre el orden en el campo de juego.
Los resultados no tardaron en llegar: Ganó la Copa América del 2007 (goleada sobre Argentina en la final) y la Copa Confederaciones del 2009. En las eliminatorias para Sudáfrica, además, Brasil mostró un desempeño implacable clasificándose con holgura al torneo. Sin embargo no todo ha sido un camino de rosas, no han sido pocos los que le han criticado al equipo de Dunga la falta de fantasía y de ese jogo bonito otrora una marca registrada en la selección de Brasil.
Pero ¿Es Dunga realmente un terrorista de la fantasía en el fútbol tan propia de su país? Uno trabaja para ganar. Y uno se divierte sólo si gana, y no al revés. Sólo sonríe el que al final gana. En mi filosofía, primero está el trabajo de equipo y luego las individualidades. La técnica es lo que desequilibra, pero dentro de un orden. Ha respondido sin titubeos a la vez que su equipo le sumaba al talento innato de sus jugadores una disciplina que ha hecho de Brasil una escuadra casi invencible. Justificó además su estilo en una verdad que no resulta tan poética como la que se pinta sobre su país: Para atacar antes hay que tener la pelota y para tenerla hay que robarla. No puede haber un equipo ni de once Romarios ni de once Dungas, debe ser una mezcla. Las cinco selecciones brasileñas que ganaron mundiales supieron mezclar eficiencia con el juego bonito. Para mí el ideal es la Brasil del 82 y la del 94.
Equilibrio. Algo de aburrimiento, tal vez. Pero números positivos es lo que arrojaba la gestión de Dunga al mando de Brasil. La fiesta parecía ir en paz.
Entonces vino la convocatoria de jugadores para el mundial. Ni Ronaldinho ni Adriano figuraban en la lista del estratega. Lo del emperador era más o menos cantado, pero la exclusión del otrora mejor jugador del mundo no tardó en levantar polvareda. Para muchos esta decisión mata definitivamente el espíritu tradicional de Brasil, algo que, aseguran, podría costarles el título. Algunos periodistas, incluso, hablan de una decepcionante selección por parte del técnico. La única estrella de Brasil es su camiseta y las cinco estrellas que están encima del escudo. Ponérsela es un orgullo que todos los jugadores deben sentir, había dicho el entrenador en una entrevista en el 2006.
El conseguir la sexta estrella que pase a formar parte del diseño de la camiseta brasileña es la prueba definitiva para Dunga. Solo entonces el mundo sabrá si la revolución que emprendió el guerrero convertido en entrenador de la selección más importante valió la pena. La grandeza o la condena. Así es el fútbol. Así es Brasil.


